"Vivir en el mundo sin conocer las leyes de la naturaleza es como ignorar la lengua
del país en el que uno ha nacido"


Hazrat Inayat Khan (místico musulmán sufí)
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- Estamos aqui por puro azar


Estamos aqui por puro azar. Es tal la improbabilidad de que existiéramos que me permitirás el título de esta entrada y lo entenderás mejor si me dejas que te cuente en qué baso esta afirmación.


¿Qué es el azar? El azar es una casualidad presente en cualquier fenómeno caracterizado por causas complejas. Es sinónimo de aleatorio, accidente, fortuito, chiripa, chamba, imprevisible, impensable, inesperado. Existimos por todo lo más alejado a conceptos como destino, predestinación, fatalidad, hado.

Nuestra existencia se debe a la formación fortuita del género Homo y dentro de él de la especie que llamamos sapiens y de la que formamos parte. Esta formación viene determinada por la aparición de una enorme cantidad de variaciones producidas por azar y seleccionadas por la selección natural a lo largo de muchos milenios. Este azar creador está causado por varios tipos de azares o de probabilidades, algunas muy bajas, otras infinitamente bajas, que paso a contarte con tu permiso.


El primer azar es debido a la probabilidad de que apareciese un genoma con una información, presente en la secuencia u orden de las cuatro letras del ADN, que diese lugar a nuestra especie.

Todos los seres vivos nos reproducimos transmitiendo a nuestros descendientes la información de cómo fabricar un individuo similar. Esta información está contenida en el orden de las letras A, T, G y C de nuestro ADN. En la mayoría de seres vivos esta información está contenida en unos 20 mil genes, incluyendo a casi todos los mamíferos, aves, peces, anfibios, insectos, gusanos, y muchas plantas. Este número de genes ocupa, aproximadamente, cien millones de letras del ADN. Todos los seres vivos no nos diferenciamos en todas estas letras, ya que tenemos una buena cantidad de genes o partes de ellos que son comunes. Suponiendo que nos diferenciásemos en, digamos, sólo el diez por ciento de ellas, tendríamos unos diez millones de letras diferentes. ¿Saben cuántos genomas diferentes podrían salir? Si en cada posición de la secuencia del ADN puede darse una de entre cuatro letras, en dos posiciones cabrían 4x4 combinaciones, en 3 cabrían 43 órdenes o secuencias diferentes; con sólo 500 letras diferentes podría salir un número casi infinito de genomas, tal que un 1 seguido de 300 ceros, es decir que habría para todas las especies que han surgido y que lo harán hasta el fin de la vida de muchos millones de millones de planetas como el nuestro; y con diez millones de letras diferentes podrían salir...

En segundo lugar, ¿cual es la probabilidad de que se diesen todas las especies intermediarias para que apareciera la especie a la que pertenecemos, Homo sapiens, sin romperse ningún eslabón de esta enorme cadena? Sabemos que a lo largo de los últimos 550 millones de años se han sucedido cinco (seis según algunos autores) extinciones masivas, cada una con la eliminación de un elevado porcentaje de las especies que existían, además de las desapariciones fortuitas individuales. En términos muy generales podríamos decir que cada especie, o algún eslabón intermedio en su evolución, tuvo una probabilidad del uno por ciento de no desaparecer en cada extinción, lo que significa que de todas las especies aparecidas en el planeta sólo han contribuido a la formación de las especies actuales una de cada 1010 especies. Es decir que la probabilidad de que la cadena que ha dado lugar a nuestra especie no desapareciera en algún momento es 1/1010, lo que tiene la misma probabilidad que de que nos toque el gordo de la lotería de navidad y el primer premio de la lotería nacional de todos los jueves del año durante más de mil novecientos años seguidos. Dificilillo, ¿no?


La última gran extinción, en la que desaparecieron todas las especies de dinosaurios (habían dominado la Tierra sin competencia durante más de 165 millones de años) y muchas otras, ocurrió hace 65 millones de años y estuvo causada por la caida de un aerolito que impactó en la península de Yucatan. Gracias a este hecho fortuito, los mamíferos, representados solamente en algunos pequeños roedores nocturnos, dejaron de ser alimento de aquellos insaciables comilones y, además de hacerse diurnos y aumentar sus poblaciones, dieron lugar a una enorme diversificación de nuevas especies.

Todos los mamíferos que hoy conocemos aparecieron tras esta extinción, incluidos los homínidos. Si no se hubiese dado este accidente por puro hazar, es muy probable que el planeta estaría hoy gobernado por los dinosaurios y no por nosotros que no existiríamos.

En tercer lugar juega el índice de natalidad de un gran número de parejas en cada una de las generaciones anteriores a nosotros. Si en esa cadena con múltiples ramificaciones hubiese fallado un sólo eslabón, la cadena habría desaparecido.

Veamos la cadena al revés. Existimos porque nuestros padres se conocieron y tuvieron un descendiente que somos nosotros. Ellos, a su vez, existen porque sus padres, dos parejas, hiceron lo mismo. El tercer eslabón está formado por nuestros ocho bisabuelos. Observa que el primer eslabón está formado por dos personas, el segundo por cuatro, el tercero por ocho, que en lenguaje matemático es 21, 22 y 23. Es decir que al cabo de diez generaciones tendríamos 210 antepasados que son 1.024 personas. Como se estima que tenemos unas tres generaciones por siglo, esos 1.024 antepasados debieron existir, conocerse y aparearse hace unos 330 años, es decir en los alrededores de la década de 1680. Si seguimos hacia atrás nos encontraríamos con que el número de personas en nuestra cadena de antepasados pronto superaría al número de habitantes de su época en nuestro país e, incluso, de todos los miembros de la especie humana en esas fechas ya que, por este razonamiento, en el año 1280 tendríamos tantos antepasados como personas existían en la península Ibérica en esa fecha y en el 1080 serían antepasados nuestros toda la población mundial.


Evidentemente esto no es real y se entiende porque en numerosas ocasiones, principalmente en las que las poblaciones eran poco numerosas, se han dado apareamientos entre personas con un alto grado de parentezco, lo que quiere decir que compartían algunos antepasados comunes. Esto explica que el número de personas individuales que han participado en la cadena que nos ha engendrado no es igual a 2 elevado al número de generaciones que queramos estudiar, sino un número variable, pero sin interrupción alguna a lo largo de los siglos y milenios.

En la cuarta posición –en el tiempo, que no en importancia– de nuestro azar se sitúa uno de los casos con una extraordinaria baja probabilidad de que ocurriera. Cada uno de nosotros estamos aqui por el azar de formarse y de unirse un determinado espermatozoide y un óvulo determinado. Saben cuántos descendientes distintos podrían haber producido nuestros padres? Pues del orden de 104200, un número enormemente mayor que el número total de átomos que existirían en 52 universos parecidos al nuestro.

Este es el cálculo del número de gametos por persona (sáltate este párrafo si no te gustan los números). En números redondos tenemos 30.000 genes de los que de unos 2.100 podemos tener las dos copias distintas. Si fuese un solo gen del que tuviese las dos copias distintas daría para dos gametos diferentes, que con los dos del otro sexo darían 4 posibles descendientes distintos. Si las dos copias fuesen distintas en dos genes, se formarían 4 gametos por cada sexo y darían 16 combinaciones diferentes. Así, y suponiendo libre recombinación entre ellos, es decir que se repartan todas las parejas de copias distintas de los genes al azar entre los gametos, se formarían 22100 gametos diferentes que darían para 24200 descendientes genéticamente diferentes o 101264. Como este número no te dirá nada, lo podemos comparar con el número de átomos que se estima hay en todo el universo observable (incluyendo planetas, estrellas, cometas, asteroides, etc., de todas las galaxias) que es de 1080, átomo más o átomo menos. De ahí que el número posible de hijos genéticamente distintos de una pareja sería equiparable al total de átomos de 52 universos similares al nuestro.

Ya sé que algún puritano de la Genética dirá que el ligamiento de los genes cercanos disminuiría el número de gametos distintos, pero no he incluido en estos números a los muchos genes que no tienen dos variantes sino muchas, lo que contribuye a que el número calculable de hijos sea aún muy superior.

En cualquier caso, la probabilidad, antes de ser gestados, de que pudiéramos existir es prácticamente el valor más cercano a 1/infinito que es igual a cero. Era totalmente imposible que existieramos tanto tú como yo, pero una sucesión de azares, todos ellos casi imposibles, causaron nuestra existencia.

Por la existencia de uno sólo de nosotros no existe alguno de los millones de millones de millones ... de individuos diferentes a mi que hubieran podido nacer en mi lugar y que nunca lo harán. En esto se basa nuestra individualidad y singularidad, nuestra originalidad e irrepetibilidad.

Esta enorme potencialidad de la vida me lleva a creer que, si se diera una extinción masiva en la que desapareciera casi la totalidad de los seres vivos y quedasen solamente algunas especies de bacterias, protozoos, algas y hongos, para que las moléculas básicas siguieran siendo las mismas, la vida reaparecería de nuevo creando otros seres vivos, otras especies completamente diferentes a las que podamos conocer, se crearía una biosfera totalmente distinta a la conocida. Incluso podrá darse eventualmente la aparición de seres inteligentes que con toda probabilidad no se parecerían en nada a nosotros. Tal es la capacidad de variabilidad del ADN.

El mismo razonamiento serviría para otros planetas en los que la vida pueda darse incluso con las mismas moléculas que en el nuestro. Las enormes posibilidades de variación en una secuencia de ADN hacen que encontrar un mundo con seres parecidos a los del nuestro tiene una probabilidad de 1/infinito, es decir imposible.

¿Tiene sentido ahora el título de esta entrada?

Que todo el mundo se entere que nos ha tocado a nosotros vivir y que nunca habrá otro igual.


Sobre el mismo tema ver la entrada http://alfoogle.blogspot.com.es/2010/10/por-que-estamos-aqui.html

1 comentario:

  1. Y probablemente nuestro propio universo proceda de una fluctuación de la entropía en el espacio tiempo tan improbable o más que nuestra propia existencia. Cuando afirmamos en los velatorios "no somos nada" en realidad estamos siendo muy generosos: somos mucho menos que nada en probabilidad.

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