Se puede pensar que un periodista es un historiador del presente y viceversa si hablamos del pasado. Los hechos de la actualidad son interpretados, o en el peor caso tergiversados y manipulados, por los periodistas de acuerdo con sus ideologías. Lo mismo ocurre con la historia que nos cuentan en los libros oficiales según convenga a ideologías personales o a intereses partidarios del poder. También se han dado casos de manipulación de la historia en provecho propio.
El análisis del ADN no sólo resuelve la identificación de personas en los casos de delitos de sangre, violaciones o paternidad, sino que ha permitido resolver algunos casos históricos como los falsos oportunistas que decían ser los legítimos herederos de familias reales extintas o las falsas interpretaciones de las guerras contadas por los vencedores.