"Vivir en el mundo sin conocer las leyes de la naturaleza es como ignorar la lengua
del país en el que uno ha nacido"


Hazrat Inayat Khan (místico musulmán sufí)
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- ¿Por qué estamos aquí?

"No es necesario invocar a ningún dios para encender la mecha y dar inicio al universo ... La creación espontánea es la razón por la que hay algo en lugar de nada, el porqué del universo, el porqué de nuestra existencia". Estas frases, atribuidas recientemente a Stephen Hawking, han abierto, una vez más, el cajón de los truenos de los católicos fanáticos. Una vez más porque cada escalón que sube el conocimiento científico, escalón que baja la necesidad de un dios para berrinche de sus fanáticos. Estas frases, además, demuestran que nadie puede saber de todo; los probados conocimientos de Hawking en cosmología distan años-luz de los que tiene en Biología evolutiva.
Por tener relación con los conocimientos actuales en Biología, quiero pararme en la segunda sentencia. Por creación espontánea se entiende creado de la nada, iniciar algo donde antes no lo había. Los estudios en Biología de los últimos pocos más de doscientos años han demostrado que, exceptuando su origen, que no es el momento de analizar por ahora, ningún ser vivo ha sido creado de la nada.
Aunque las ideas ya venían madurando desde finales del sigo XVIII, fue la publicación en 1859 del Origen de las especies de Darwin lo que encendió la mecha de una revolución cultural como nunca hubo otra. Que las especies no fueran obra divina chocó a mucho fanático religioso, pero ¡que no lo fuera el hombre! impactó a la gran mayoría de los mortales poco versados en el tema. Contrario a lo que había enseñado la religión predominante en el mundo occidental, la evolución enseñaba que el hombre no era el centro del universo y cúspide de la creación, y ni había sido creado por ningún dios, ni éramos la imagen de nadie. ¡Duro palo para el fuerte antropocentrismo y clericalismo dominantes! Nos echaban del paraíso por segunda vez.

La abrumadora acumulación de datos en los 150 años transcurridos desde la mencionada publicación son más que suficientes para aceptar la evolución como un hecho demostrado, aunque entre expertos se siga discutiendo sobre la diferente importancia que tiene cada uno de los mecanismos que explican el proceso. Todos los especialistas y estudiosos de la evolución están de acuerdo, sin embargo, en que todas las especies han aparecido por modificación de otras anteriores y que el motor de esta evolución, la causa y origen de toda la diversidad biológica, se encuentra fundamentalmente en la mutación espontánea y aleatoria.

Durante un tiempo, los estudios con bacterias se resistían a aceptar las nuevas ideas y quedaban como un viejo reducto de concepciones predarwinianas. En primer lugar se pensaba que las bacterias podrían aparecer por generación espontánea. En segundo lugar parecía que las mutaciones que las modificaban no tuvieran un origen espontáneo ni fueran aleatorias sino que el ambiente podía inducir las modificaciones (la vieja idea lamarckiana).

Que ni las bacterias ni ningún otro ser vivo puede aparecer por generación espontánea, fue demostrado por Louis Pasteur en 1864 usando retortas que contenían caldo de extracto de carne esterilizado. Si el aire que entraba en las vasijas era filtrado para que no entrara ningún ser vivo del exterior, éstas se mantenían estériles por tiempo indefinido. Estos caldos de carne sólo se estropeaban por el crecimiento de bacterias cuando se permitía el contacto directo con las bacterias del exterior.

La base espontánea y aleatoria de las mutaciones, incluidas las que ocurren en las bacterias, fue elegantemente demostrado por Salvatore Luria y Max Delbrück en 1943. Mediante un sencillo experimento que iniciaron con bacterias sensibles a un determinado medio adverso, comprobaron que las pocas bacterias que resistían y podían crecer en este medio eran únicamente las que habían mutado a esta resistencia de forma totalmente aleatoria mucho antes de ponerse en contacto con dicho medio; el medio hostil lo único que hacía era seleccionarlas.

La evolución, la modificación de unas especies para dar otras, es, por tanto, consecuencia de la lenta pero constante variación aleatoria introducida en los genomas por la mutación espontánea. Sin esta variabilidad acumulada generación tras generación, todos los organismos de una población serían prácticamente iguales y no podría darse ninguna ventaja de los mejores o eliminación de los peores porque no los habría.

Esta variabilidad en la que se basa la evolución es fácil ver en cualquier especie que queramos estudiar. Vean como ejemplos los diferentes colores y dibujos de las conchas de muchas especies de caracoles y de las plumas de las aves, las diferentes formas y tamaños de la cornamenta de los cérvidos, las diferentes formas que adquieren los representantes de muchas especies vegetales dependiendo del lugar en el que viven, etc. Esta variabilidad intrínseca, aunque pueda estar oculta, la podemos hacer visible como lo hemos hecho en innumerables especies, recuerden como ejemplos la cantidad de variedades de tomates, pimientos, alubias, lechugas o de coles que podemos encontrar en los mercados de las diferentes partes del mundo, y la no menos elevada profusión de razas de gatos, palomas, gallinas, conejos, patos y caballos que hay, llevándose, quizás, el primer premio del mundo vegetal las más de mil variedades de palmeras que se cultivaron en la antigüedad en el cercano oriente (la mayoría hoy desaparecidas). En el reino animal puede que el premio se lo llevase la gran variedad de razas de perros que se han podido obtener a partir de un sólo genoma.

Los humanos no nos quedamos muy lejos de poseer la misma acumulación de variaciones, unas más visibles, como los colores de piel y cabello, las diferentes formas de nariz, mentón, ojos y boca, las diferencias en gustos, habilidades, personalidades, inteligencia, etc., otras menos visibles como los grupos sanguíneos y antígenos celulares, y otras más sufribles que visibles como los centenares de enfermedades hereditarias que podemos padecer.

De todas estas variantes aleatorias, en un momento dado unas aumentan su número generación tras generación a costa de otras que disminuyen su frecuencia y pueden llegar a desaparecer, para en otro momento cambiarse las tornas y disminuir el número de las que subían y aumentar el de las que disminuía su presencia, motor de la aparición de nuevas variedades que eventualmente pueden llegar a diferenciarse en nuevas especies. Esto, en esencia, es a lo que llamamos evolución.

Las razones por las que aumentan o disminuyen el número de los organismos que llevan unas u otras variaciones en sus rasgos son múltiples: que los poseedores de las variantes más perjudiciales o menos útiles tengan menos descendientes que los más capaces; que los portadores de determinados colores o comportamientos sean favorecidos con una mayor probabilidad de ser seleccionados como pareja reproductora; que los que mejor escapan, se camuflan o se esconden de sus predadores tengan más probabilidad de llegar a la madurez reproductiva; que cuando el alimento escasea unos sepan cambiar de dieta y otros no; o simplemente por el puro azar de que caiga un meteorito encima de sus cabezas o que venga un fuerte cambio climático, pero de los de verdad, o que una zona de un continente o una isla sea colonizada por un grupo reducido de emigrantes que por azar lleven unas u otras variantes de la especie de la que partieron.

Conclusión, estamos aquí por puro azar, ¿o les parece poco azar que hace 65 millones de años chocase contra la Tierra un asteroide de unos 60 km de diámetro que causó la formación de una espesísima capa de polvo en la atmósfera terrestre que impidió la llegada de los rayos solares a todo el planeta, lo que llevó a un invierno perpetuo de muchos años, quizás siglos, durante los que tuvo que disminuir o desaparecer gran parte de las plantas que alimentaban a los animales herbívoros que alimentaban a los carnívoros, por lo que desaparecieron la mayor parte de los más exigentes en obtener grandes cantidades de alimentos, incluidos la mayoría de los dinosaurios, lo que permitió que los pocos mamíferos que entonces había –algunos pequeños roedores de costumbres noctámbulas– empezasen a dar muchos descendientes, y como consecuencia aumentasen las variaciones, lo que permitió que hubiese material suficiente para que actuase la evolución, lo que hizo que aumentase rápidamente el número de especies de mamíferos –prácticamente todos los mamíferos que hoy conocemos aparecieron después de este cataclismo– y que, como consecuencia de esta larga suma de casualidades y azares apareciera la especie humana?

La enorme variabilidad encontrada en las especies, incluida la humana, y el cúmulo de casualidades que se han tenido que dar para que estemos sobre este planeta los que estamos, animales y vegetales, hace que, si desapareciesen la mayoría de los seres vivos que hoy pueblan la Tierra y volviesen a generarse nuevas especies a partir de las bacterias que quedasen vivas, es casi seguro de que nada sería igual, quizás hasta irreconocible.

Y para acabar, una guinda. Hay una página en la web, de cuya dirección no quiero acordarme, que después de anular el hecho, que no la teoría, de la evolución basándose en el más puro estilo creacionista, es decir sin argumento ni razonamiento alguno, dice algunas lindezas de las que destacaría –aquí necesitaría un redoble de tambores– como el más difícil todavía: "el hombre ha sido creado por dios porque no hay ningún animal que se arregle el día del Señor para ir a la Iglesia y adorarle dándole gracias por la vida preciosa que le ha dado". ¡Ahí queda eso!




Ver sobre este tema la entrada http://alfoogle.blogspot.com.es/2014/12/estamos-aqui-por-puro-azar.html


[Este tema y otros relacionados para entender las implicaciones de la Genética en la vida contemporanea están descritos con mayor detalle en el libro de divulgación: "Destimados por el azar" del mismo autor de este blog]

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